febrero 19, 2009

tres.relatos.tres ... III


Rosa funk



*no puedo dejar el vicio, soy adicto al rock and roll*……. Alex Lora


*Está lloviendo pero yo no me voy a mojar,
mis amigos me cubren cuando voy a llorar,
por más que quieras tapar toda nuestra voz,
nunca podrás callar esta canción*….Yo no me sentaría a tu mesa. LFC


Pa’l Deivis

Todo lo que vivimos a lo largo de nuestra extraña vida (bueno es según cada quien), a la larga, a la distancia de los años, no la recordamos tal cual fue, todo se vuelve una versión personal y virtual de los hechos.
Como cuando, me encontraba caminando entre el hielo, muy feliz, acompañado de pingüinos y ballenas glaciares, mientras escuchaba y cantaba a los Sigur ros. Que en realidad, según me cuentan, lo que paso es que me quede jetón mientras veíamos La marcha de los pingüinos, en francés, y los sonidos tipo cajita musical de la Emily Simón retumbaban en mi etílica cabezota. Pero esa es otra historia.
Todo viene a colación (como en las piñatas) porque hace unos días, haciendo un recuento con los amigos, de esas cosas chidas que haces por primera vez, de repente escuchamos historias mágico-fantásticas, que vamos armando al hilo mientras las contamos, con aquella gracia y desenvoltura, como cuando uno dice mentirotas. A poco no?
Pues resulta que me llega el turno, porque me lo preguntaron, de contar la mágica y trágica historia, de la primera vez que baile con Mary Jane. Last dance with Mary Jane, one more time to kill the pain.
Después de soltar el aigre y con la voz rasposa, les dije:
-*Como no, lo recuerdo casi como que hubiera sido ayer*
- *Achis, achis….. dijo el Cuco… pus si fue ayer no?...termino su frase y su interrupción en mi relato.
-JAJAJAJA…todos reímos con aquella explosión incontrolable como cuando uno se burla de las desgracias ajenas. Efectos de la adormidera, como diría Bumbury (kiña, kiña el Bumbury)
-Oh sí, lo recuerdo perfectamente (léase como doblaje del programa Rescate 911)
-JAJAJAJA… de nuevo, y eso que todavía no comenzaba mi historia
Pues ese día llego el Deivis a la casota vieja y sola que teníamos allá donde vivía antes - por fin comencé mi historia- era una tarde soleada y caían las sombras cobrizas al pie del ventanal de mi cuarto. . .
-Uh Uuuuuh, ya se puso a filosofar!... me acuso la bola de vagos que me escuchaban.
-Oh, pues uno cuenta lo que quiere no?. . dije enchilado.
-Ya síguele. . . contestaron ante mi enojo, y continúe contando.
El Deivis traía su mochila de hippie de la UNAM, llena de cosas varias, comunes pues, pero del fondo, saco una servilleta echa bolita y cuando la puso en la mano, la comenzamos a desenvolver como tamal y de entre las hojitas de servilleta, nos encontramos un par de pequeños y naturales cigarritos forjados con un coqueto papel (que parecía de china) color Rosa!
-JAJAJAJA. . . otra vez las carcajadas que interrumpian mi insipiente historia.
-Neta que eran rosas! . . . les dije determinante y continúe.
El Deivis, como buen chaman(o gurú del sexo, como a veces se auto nombra) comenzó con las lecciones de vuelo, me dijo:
*Como es tu primera vez, mejor búscate un lugar cómodo, y pa’ que no te mal viajes, pon discos chidos*
Yo obediente, arregle más o menos el hoyo funky aquel, tendí una colcha en la cama y otra en el suelo, le conectamos unas bocinas de compu al cd-palyer, y trajimos a Fobia, Los Fabulosos, El Gran, Caifanes, Sweet Elektra, La Cura, Mano Chao, queríamos fiesta. Hey Bobby Marley, sing something good to me, this world go crazy, it’s an emergency.
Pues bien, el Deivis agarro uno de los cigarritos rosas y lo prendió
*Así se hace*. . . me dijo (y con los dedos medio índice y pulgar de la mano izquierda tomo el cigarrito y con la derecha el encendedor de la corona) mientras aspiraba por un extremo a la boquilla de aquel artificio del mal colombiano, y por el otro extremo el fuego iba apoderándose y volviendo cenizas el papel rosita en su camino ascendente. Y con una voz de enfisematoso me dijo:
-* y sostienes el humo en la garganta lo mas que puedas y luego te lo tragas, entendiste? Ahora tu*
Agarre pues, el objeto del deseo y aspire el humo lo más que pude, lo aguarde – como dice la gente inculta – en la garganta y luego me lo trague. Después de unos tres o cuatro tragos de ese humo picosón y rasposo, me fui derechito al baño, a platicar con él monstro de la taza de porcelana. Vacié mi panza, lastima de comida. En fin.
-No manches wee, se siente re-ojete. A poco es normal, no seré alérgico o me estare intoxicando?. . le dije al Deivis
El se encontraba en una carcajada prolongada, y cuando por fin pudo hablar y aun entre risillas burlonas me dijo:
-*No wey, así se siente al principio, se me olvido decirte* . . . y continuo riendo.
*Ni te quejes*, pensé o me lo dije quizás en voz alta. Después de un rato y todo el churro quinceañero aquel (y empezando el otro) le dije al Deivis:
-*We, yo no siento nada*
-* Espérate, te va a pegar, vas a ver te va a agarrar desprevenido, ándele jálele otra vez*… me dijo convencido.
- Pues no sé, como que voy a sentir o qué?. . .le termine de decir y en esas estaba cuando *plink *(como campanitas) cerré los parpados por reflejo, para remojar mis desiertos ojos, y de pronto se hizo la música.
Uorale! Has de cuenta que mis parpados eran discos, si platinados y con hoyito en medio, (como los salvavidas) y cada que los cerraba se movían como en rocola, una sensación de infinita paz y armoniosa tranquilidad me inundaron, y en la cabeza tenia la imagen(que inclusive veía con los ojos abiertos) de miles de ojos-discos que juntos formaban engranes y cuando se unían(un engrane con el otro) me transportaba a una vida paralela, una alterna, una pasada u otro viaje aun mas cósmico e irreal. Un diluvio bíblico de historias, palabras e ideas multiplicadas a la n potencia, cayó sobre mi virginal materia gris, desesperado salte del suelo, pero como reflejo me tumbe de nuevo, en la tranquilidad que respiraba, con el deseo de un sueño eterno.

-*Hey we, párate, no friegues, cuéntame que ves, no te duermas*… me dijo el Deivis, entre risa y risa, mientras me picaba la panza.
Me incorpore ante la insistencia, pero aun tirado en el suelo, mire hacia el ventanal, puse mis codos en el suelo para sostener mi cara, con las piernas cruzadas como chamaca pensando en el novio, y de pronto me transporté en el tiempo, teniendo en frente la visión clara de aquella casa donde trabajaba mi mama cuando yo tenía ocho años, donde me la pasaba tirado en el suelo, viendo por la ventana larga, al jardín enorme de enfrente.
-* Neta we te lo juro que ahí está, se ve igualito.* le dije al Deivis, que se la pasaba en una carcajada constante.
Entonces de allá bien lejos donde andaba, en mi visión nostálgica, me regrese quien sabe como al cuarto, y bajamos el Deivis y yo corriendo las escaleras de la casa como niños jugando carreras, mientras la lluvia de miles de ideas en mi cabeza, comenzaba a saturarme, se lo conté al Deivis, el me dijo que tenía que escribir lo que se me fuera ocurriendo, para luego leerlo, cuando estuviéramos cuerdos.
Regresamos al cuarto y pusimos miles de canciones(ahí está el dato fantástico) y era como si cada canción, me llevara a un momento de mi vida, como un álbum músico-virtual de recuerdos, me puse nostálgico y desde entonces juro que cambió la manera de disfrutar la música, si ya antes, me consideraba yo un conocedor y melómano, juro por Hendrix, que la música para mi desde entonces, se ve, tiene colores, se puede tocar, saborear, se siente, se sufre, se absorbe, se excreta, te transporta, te envuelve, te adopta, te embruja (lo juro por esta!)
Tirado y absorto como estaba, de repente imagine que la habitación se quedaba sin oxigeno, y que me quedaba bien poquito para seguir respirando, poco a poco era menos y respiraba muy rápido jalando una minúscula porción de aire. Me entró la paniqueada, y casi sin voz, le grite al Deivis que ya para entonces yacía cual bulto sobre las cobijas:
-*We, ya no quiero respirar, me voy a morir*. . . *Córrele we, me voy a morir*. . .
El Deivis claro no me hizo caso, y yo sentía el caos, el final de mi existencia; me quede inmóvil, y los ojos se me hundían en medio de la cara con todo y nariz para después vomitarlos para jalar aire.
De entre mi mal viaje, vi que el Deivis se levanto con harta weba y se puso frente a mi convulsionante cuerpesote.
-*Que tienes, inche ridículo? A ver hazle asi.*(y este inspiraba y exhalaba como en los videos de yoga) me dijo el Deivis con toda calma y como diciéndome sin palabras *imbécil* al notar el pánico en mis ojos. Rápidamente siguiendo el ritmo de las respiraciones, recobre el gusto por el oxigeno.
Nos quedamos tirados en el suelo, mientras sonaba el carnaval toda la vida, de los fabulosos, el efecto poco a poco nos fue dejando, y el sueño nos comenzaba a invadir.
-*Inche, día, que viajecito we, no manches* . . . le dije al Deivis
-*Si we* . . . me respondió el Deivis.
Y una nueva explosión de carcajadas inundo el hoyo funky, mientras la tarde transcurría con horas de verdad allá afuera del cuarto, porque para nosotros el tiempo se había detenido.
Y así fue como baile con Mary Jane por primera vez. . . o al menos así lo recuerdo.