diciembre 09, 2008

II


]Crónica nocturna de la relatividad (y breve levedad) de dos cuerpos

*Y con todo, ¿Existía alguna felicidad mayor que la que los invadía ahora, verse colmados por los besos del compañero insustituible, hacer el amor y desaparecer. . . Cuando un orgasmo se comparte se respira recíprocamente*… . Sebastián, Lawerns Durrel

*Te regalo mi primer amor*…Kinky


Me podría perder absorta, observando sin tiempos, tu piel morena, estrecha en las líneas del rostro donde se dibuja exacta la barba de cabellos pulcramente recortados, negros, rojos, tiesos alrededor de tu boca, rosada y casi pálida que se abre para hablarme de mil ideas y para brindarme silencios. . . mmmm. . . . silencios.
Pero la noche cae con su negrura y sus bajas temperaturas, apenas se perciben. De noche, la temperatura corporal tiende a bajar, ya que el reposo del cuerpo logra la desaceleración gradual del ritmo con el que la sangre caliente recorre la inmensa anatomía humana.
Enciendes a Mogwai y caigo sentada de nalgas en un balde al revés, bajo la noche estrellada de tu patio, que es particular; escucho atenta con los oídos virginales esas notas nuevas, macabras e intrincadas pero a la vez con cierto magnetismo que te lleva, aunque con temor, a querer escuchar más de lo que brota por las bocinas del nuevo home teather de la casa.
Prendes un cigarro algo extraño de esos que te dan risa, y ríes recordando para ti, con los ojos envueltos en imágenes que no compartes. Dices que te parece extraño y algo increíble e irónico que yo comparta esa ultima bacha contigo, y a mi mente entonces vienen imágenes, que no comparto, de aquella adolescencia con todo y calcetas largas, uniforme guinda, mochilas atascadas de libros y una trenza eterna, que tal vez sea también la misma imagen que guardas de mi y de la cual trato afanosamente de zafarme, sin mucho éxito quizás… silencios…
El leve efecto etílico y fiesteson, que se achicho en mi cerebro como punzada de alfiler en los ojos, jamás llegaría al nivel de otros viajes, del primero inolvidable, recuerdas que te lo conté? Los ojos disco y las canciones como álbumes musicales, recogiendo momentos de mi infancia, como me hubiera gustado que compartieras aquello conmigo, esa tarde regia…silencios…
-Como ves? . . .Me preguntas
Yo te respondo que mogwai me da miedo, pero me engancha. Entramos por un placebo para seguir la fiesta; las negras horas, ahora traen ritmo en los arboles que se escuchan danzar lento a lo lejos.
Taste in man y un sexy Stefan, baila en una pantalla justo en el centro de un mueble muy nice, cargado de fotografías, adornando la pared norte de la sala. Siempre admiré el peculiar gusto de tu madre para colgar sus recuerdos por toda la casa. Tal vez algún día se lo cuente.
Caminas de un lado al otro como si fueras la señora pulcra de la casa rica, recogiendo lo que sus visitas van dejando a su paso. Te he dicho alguna vez que eso me excita?
Tumbados en tu cama individual, con almohadas que indiscutiblemente huelen a ti, nos echamos a Moby, el Play completo, con los videos de las mezclas, esa lluvia caleidoscópica de formas y colores brillantes, que me hacen recordar al booklet del CODY las fotografías de arquitectura cochinamente geométrica en exacto efecto de espejo, que meses después, al sonar de Mars Volta , me provocarían sudoríparas y vertiginosas pesadillas.
Por fin pones el plato fuerte del menú, tu tesoro, el Trilogy de la cura y lo presumes cual trofeo futbolero, mientras el flashback de mi cerebro se acciona para traerme los recuerdos de la tarde de nuestro encuentro después de siete años, cuando me tocaste love song y me avergoncé de no conocerla en tu versión, esos mismos recuerdos que ahora atascan mi mente y rostro de ridícula vergüenza adolescente. Al fin pasado, (fiu!)
Un Robert Smith regordete y hermosamente concentrado, frente a su banda de egos y personalidades múltiples, tocaron esa noche para nosotros Disintegration.
Te vas acercando a mí espalda se siente el recorrer de cada centímetro, mientras yo trato de traducirte en mi english very short, Closedown. Me encanta esa brevísima canción: *if only I could feelt my heart with love*…
Sonrío queriendo lucir sexy, seductora, envolvente, pero tu cambio de voz tersa susurrante, me confirma que lo he logrado sin intentarlo tanto.
La noche cae en su extenso esplendor, la noche sin horas, sin tiempo que medir, Robert sigue cantando e inundando de delicada y dulce desolación tu cuarto, el espacio.
-Descubrí que pictures of you, me suena a ti… te dije mientras la canción salía de las bocinas de la tele y tu me viste con una sonrisa.
Afuera, los vientos aciclonados de marzo, tu marzo, revientan en los arboles, cantan su canción ondulante y resuenan su fuerza en las ventanas, en las paredes, en los huesos. Pero acá adentro, tus brazos me acobijan y dices que soy hermosa, se entiende que ya nada importa, derrites y elevas así mi ego dormido.
Prendado de mis edulcoradas mejillas, intentas seducirme, ignoras que caí desde Mogwai, te dejo seguir intentando.
Las palabras de un sentimiento real, esas que solo se dicen casi nunca, van acaparando un estrecho espacio entre tu boca y la mía, te permito y me permito que sigan brotando. Alimento para mí ser inválido.
Dices que no quieres herirme, te digo que soy para ti y de alguna forma tú dices que eres mío. Pertene-escencias. El amor no existe, es, al igual que Dios, un invento del hombre para cubrir necesidades. El amor, es solo un sentimiento sobreestimado.
Nos queda muy claro. Pero eres feliz y yo lo soy también, cualquier cosa que eso signifique. Buenos momentos (que espero que el Alz-Heimer respete de mi memoria).
La desnudez, mi desnudez, mi primera desnudez frente a ti, me llena de cierto temor, que rápidamente queda ahogado en el mar adrenalinico que es mi cuerpo. Este que te presento, que no tiene grandes y exuberantes curvas, ya no tiene catorce años, y es para ti. Mientras la noche de furias tormentosas arrebata la luz y deja un flashazo que se va extinguiendo sobre la pantalla, donde Robert no canta mas.
Adentro. Tu piel desnuda, morena, se va fundiendo entre la mía pálida, mis manos te recorren en misión de exploración y conquista. Abajo. Mi memoria graba milímetro a milímetro los rasgos ciegos que recojo al tacto. Tu, intenso, me miras, me recorres, te untas en mi palidez, en mis senos copa A, en mis caderas. Me alojo en tu pecho cálido, abrigador, donde quepo perfectamente. Arriba. Me aprietas a ti, y tu sonrisa extasiada resuena detrás de mi oído derecho, siento tu rostro húmedo en mi espalda. Afuera. Cóncavo y convexo, en perfecto engranaje. Las manos perfectas, sobre mí, sobre lo que conquistas…silencios…
Adentro. Abajo. Arriba. Afuera. And do it again.
Y entonces, los vientos allá afuera recrudecen su ira, en su ondulante canto, como el clímax del soundtrack del momento (para entonces * Ya viene amaneciendo, ya la luz del día nos dio). Y al quejido seco de los múltiples ruidos afuera, de los arboles golpeados, en crescendo, en el epilogo del momento conjugado con el ruido de adentro y de afuera, nos damos la bien-venida, al instante estrecho de una muerte minúscula, a un mundo, a un momento casi eterno. Nuestra eternidad. Doublé fiction, picture show.
Tirados sobre la cama individual, que a pesar de pequeña, parece tener tanto espacio, exhaustos y en territorio del sueño divino, nos coagulamos mientras se cose bajo un tierno sol, la mañana airosa. Te digo que es hora de regresar, adormilado aun, te levantas sin ganas de hacerlo pero con determinación. Eres realmente adorable.
La eternidad se evaporo hace ya unas horas o minutos, no lo sé, el tiempo es inmedible en tu cama. Ahora nuestro trato es distinto, no se sienten ya las eternas distancias entre nosotros, es una pena que tenga que dejarte. Pero siempre habrá una segunda vez, una tercera, una cuarta…una. . .
Me abrazas y me besas en los labios recién conquistados, todos tuyos, es un adiós, es otro adiós, uno de muchos. Uno que duele menos.
Fuimos felices (?) los dos sabemos que todo en este mundo es relativo.
Cuídate!








3 comentarios:

polvo de menta dijo...

huuuuuuuuy regresaste muy... intensa. muuuuuuy intensa.

Mortajazario dijo...

Ey, te creía extraviada... ya veo, ya veo. Has leído alguna vez a Lawrence Durell? Me recuerdas a Justine y su espejo... Ahora yo me pierdo en algunas de tus metáforas, cualquier cosa que signifique eso. Mi historia de reencuentros y felicidades y de una vez y otra vez (por vez primera) termina en una estación de trenes.

Y sin embargo, esa sensualidad, ese regalo que no se dice casi nunca, me derrite siempre.

Saludos.

Mortajazario dijo...

Ni lo imaginas, un momento de conexión entre tus palabras y el ritmo melancólico ( que era el mismo de mis pensamientos adormilados y deseosos de que todo pasara de nuevo y no terminara nunca,la piel es la piel, el sexo jajajaja como diría Whitman en su canto si mismo..."Quédate hoy conmigo/ vive conmigo un día y una noche/ y te mostrare el origen de todos los poemas." ¿El deseo es perro no?)

No he querido conseguir el libro negro sin antes completar el cuarteto de Alejandria en una edición vieja (Argentina).

Parece que las letras en las ultimas ediciones estorban y se convierten en resúmenes escuálidos.

La sigo aquí, en esta ciudad que se convierte en un mundo con sus letras.

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