septiembre 11, 2008

W.C.I.B.Y.



A Miguel sin pretenciones.


Los negocios, las mujeres, dudo mucho que alguna haya valido esto, todas eran unas putas, ninguna lo valía, ¿o sí? Ya no importa, no había sido en los últimos años una persona muy grata; cualquiera a mi alrededor en este mundo de vacío y perdición en donde nadie confía ni en su sombra, cualquiera podría o más bien pudo haber tenido una buena razón, una suficiente para hacerlo, yo sabía que sucedería en cualquier momento, era cosa de tiempo, el miedo siempre existió, pero uno aprende a vivir con eso, se vuelve cosa del diario.
Esa noche lo vi al entrar al Exit, el nombre exacto que se merece un lugar como ese; Max y yo lo topamos en la gran puerta del lugar, se veía contraído, tímido, nada normal para el tipo de personas que regularmente acuden ahí; y justo cuando lo vimos de frente, me miro fijamente, sostuvo la mirada tanto tiempo que no tuve de otra que voltear hacia otro lado, una mirada acusadora, quemante, en realidad en este bajo mundo uno se acostumbra a eso, pero en ese lugar, fue extraño.
El asunto era otro entonces, queríamos alargar la noche tanto como se pudiera, era momento de festejar, siempre había una buena razón para hacerlo cada noche; el Doc, ya nos esperaba adentro ..*Este es el vuelo del DC337 y una vez abordo, jamás volverás * me dijo mientras me abrazaba con un gesto de complicidad infantil y ponía en mi mano una capsulita purpura, justo cuando pusimos un pie dentro de su territorio donde se encontraba rodeado como siempre de escuálidas chicas, freaks y sujetos ya enfiestados. El DC, me dijo Erick, el Doc (quien había casi terminado la eterna carrera de medicina, y ahora se dedicaba al honroso oficio de la Sickpharmacy como le decía él, en realidad solo se trataba de hacernos llegar esas capsulas y sustancias extrañas capaces de desatar locuras y noches extremas) solo era para empezar la noche, y que si aguantábamos el vuelo, ya tendría preparada la siguiente aventura psicotrópica.
-Tómala ya, ella se encarga del resto… me dijo mientras se volteaba a continuar su fiesta con sus amigos; y yo claro, necesitado de expansiones y vuelos mentales, le hice caso.
El ambiente ahí era el habitual, mujeres vampiro con labios negros y cadenas sobre las caladas medias que cubrían sus piernas, sujetos en largos trajes pesados y negros con un gesto amargo, maquillados como el cuervo o peor aun como Gene Simmons el de Kiss; ahí siempre se mezcla todo tipo de gente; tocaba una banda en el escenario y una pequeña multitud se movía de un lado al otro al ritmo valsesco de una sombría canción de amor.
-Este vuelo todavía no empieza…. Le dije a Max a gritos por el ruido de la música,ya para entonces estridente, pero él me miraba como si mi cara fuera algo muy extraño extraño, extraño, extraño.
Escuche un *clic* y de repente todo se fundió, al abrir los ojos Max era purpura, yo era purpura, las luces me movían como olas y yo las saltaba y corría tras ellas. Sonó Why can’t i be you y era realmente extraño cómo todos se movían con la canción, yo trataba de imitar la ridícula coreografía del video ochentero, donde sale Robert enfundado en una botarga de oso con los pelos despeinados. Pero mis pasos eran lentos porque el piso de colores se movía continuamente y caí en él, en una explosión de risa incontenible junto a Max, quien intentaba seguir mis fallidos pasos de baile.
Permanecimos tirados en el suelo cantando y rodando sobre los colores, la gente nos movía con los pies y supongo que alguien debió recogernos del suelo, porque de pronto ya me encontraba tumbado sobre un mueble rojo,que paercia tragarnos, mientras el sujeto que se encargaba del sonido del lugar comenzó a poner canciones que yo conocía muy bien, una tras otra como si las hubiese dictado de mi mente, entonces aletargado como estaba, vi que mis primeros recuerdos se me escapaban por los ojos y las orejas envueltos en celofán de colores como si fueran fotografías en álbumes virtuales, musicales y se me fueron todos, quise gritarle que repitiera las rolas en un afán idiota de recuperar mis recuerdos, pero no podía escuchar mi propia voz. Entonces, me quede absorto y sin memoria.
Lo último en mi mente era la tonada de why can’t i be you, y que el sujeto de la mirada fija de la entrada me tomo por el brazo y me saco del lugar. Paralizado por una mezcla de miedo e incompetencia mental para hilar ideas, no pude pronunciar palabras o gritar, solo camine con paso torpe y etílico junto a él, más bien colgado de él. No recuerdo su voz pero supongo que fue porque creo que no hablo en todo el rato, el camino parecía conocido, y de entre mi estupidez por el viaje purpura, me di cuenta que ese era el camino a mi departamento.
Al llegar a la entrada, tras subir los escalones a jalones, él se torno en extremo violento pero su rostro era extraño como si estuviera sufriendo al golpearme; yo solo podía meter las manos entre los golpes que estaba recibiendo, no atinaba a responder a ninguno, el me golpeaba con los puños al pecho, el abdomen, la cara, la quijada, yo no tenía fuerzas para defenderme, de pronto, de entre sus ropas saco un cuchillo pequeño con el mango negro, el tiempo pasaba tan rápido y yo tan aletargado y cansado por la golpiza, ya no pude más que resignarme a cumplir su plan solo alcance a gritar tal vez ya sin voz, igual hubiera valido no hacerlo. Primero en el abdomen, justo en mi cicatriz de la apéndice, si, el era torpe o muy inteligente y además zurdo, después hundió la hoja filosa en todo mi cuerpo, el aire comenzó a faltarme y mis ojos aterrados presenciaban como la sangre salía de mi cuerpo para no regresar jamás, justo en ese momento que mi mente aun registraba las escenas de mi muerte, escuche un *clic*.

Por obra caprichosa de lo inverosímil e inexplicable al abrir los ojos, era yo quien hundía una y otra vez el cuchillo sobre el cuerpo que tenia acorralado e indefenso debajo de mi y que era otro y era el mío; mas el terror que se había apoderado de mi, rápidamente se convertía en ira que iba desahogando sobre aquel que fuera mi cuerpo.
Grite hondo y fuerte y grite quizá por horas, por mi mente pasaron ideas absurdas junto con segmentos vividos de mi recién cortada existencia, todo parecía increíble como en un muy mal sueño, un mal viaje. Respiraba, movía a placer un cuerpo que no era el mío y sin embargo el aire me faltaba, me sofocaba intentando jalarlo, sentía en la piel el frio eterno de un muerto; recordé entonces al Doc, y sus sentenciantes palabras que resonaban en mi cabeza nublada… jamás volverás …. Y pensé en la suerte de Max. La irrealidad y los hechos de pronto cayeron de peso en mis parpados, no sé como llegue a la cama, tal vez mis pasos rutinarios e inconscientes lo hicieron por mi consciente aturdido, sentía como poco a poco mi cerebro se iba fundiendo en la nada, una vez ahí caí en un sueño casi sepulcral que podría jurar duro años.


. . . . . . . .
Sorpresivamente se despertó, nervioso, con el cuerpo pesado y muy agitado, se sentó en la orilla de la cama una vez que pudo zafarse las pesadas cobijas, volvió a fijar la mirada a la nada e inconscientemente en un acto reflejo se llevo las manos a la cara, las cuales se restregaban con tal fuerza como si quisieran arrancar la piel. Se levanto por fin, balbuceaba, se podía escuchar el murmullo colérico, pero casi imperceptible, dio cinco pasos y ya se encontraba en la puerta del baño y al entrar…. Su reflejo en el espejo lo dejó desconcertado….
El rostro avejentado con las cicatrices de la noche, de una vigilia de días, la sangre seca en las mejillas y hasta en los cabellos cenizos. Las manos también manchadas de esa sangre extraña. Su rostro avejentado, un rostro que no era el suyo.
Rápidamente los flashazos fueron apoderándose de su mente, los ojos veían mas si permanecían cerrados, viendo así las imágenes que recibía multiplicadas, en fragmentos y sin coherencia consciente de los lugares y las acciones que iba reconociendo del inconsciente despierto, entonces cayó en cuenta de la rara e inexplicable situación que estaba viviendo
Sonó el teléfono, los ojos desorbitados y la mente ocupada intentando recordar, no le permitieron escuchar los primeros timbres, sonó de nuevo y la contestadora se activo:
-…….* deja tu mensaje, te contesto cuando pueda*….; se escucho el tono seguido de un silencio largo, como de un minuto, un eterno minuto.
Él, salió del trance tras el silencio, esperando una voz, algo que lo regresara a una realidad o que por lo menos lo sacara de la ficción que recordaba.
Una vez más sonó el teléfono, esta vez se apresuro a levantar el auricular; una voz de hombre viejo y fumador se escuchaba del otro lado del teléfono, este le hablaba cautelosamente:
-¿Es usted?..... ¿Quedo cumplido el encargo?......dijo la voz.
Mas él no pronunciaba palabra alguna, el hombre tras el teléfono, solo pudo escuchar la respiración entrecortada y agitada que era el único ruido que de él provenía.
-*Muy bien, ¿lo disfruto?.... hombre de pocas palabras eh? espero volver a hacer negocios con usted, ya está dentro, vale más que no se aleje mucho*…… termino por decir la voz y colgó.
Él se quedo con el auricular en la mano, escuchando el tono intermitente y fastidioso del teléfono al colgar.
Recordando la ira y la desesperación, comenzó a recorrer la habitación, debían ser las seis o siete de la tarde, solo que en invierno las noches caen más pronto y lo obscurecen todo.
Sus pasos reconocían el lugar, eran sus platos en la cocina, su cerveza en el refrigerador, su cuchillo corto en el fregadero encima de restos de sangre que se diluía con la gota de agua lenta pero permanente que caía del grifo, se detuvo frente a él, volvió la mirada hacia atrás con rapidez, en sus ojos se reflejaba la realidad que buscaba, ahora los incoherentes flashazos tomaban forma; apresuro sus pasos hacia la puerta de entrada y justo detrás de el loveseat que se interponía entre él y la puerta, se detuvo en seco, un olor fétido y agrio de sangre, lo hizo arquearse en un reflejo nauseoso; la expresión en su rostro de pronto se mancho de un profundo e indescriptible pánico, cayó sobre sus rodillas y sobre sus manos temblorosas que apenas y lo sostenían, el sudor frio y espeso que caía de su frente comenzó a ahogarlo y las nauseas parecían incontrolables, frente a él yacía un cuerpo bañado en sangre que se coagulaba, frente a él yacía el cuerpo que hasta ese momento recordó, había sido el suyo, enmudeció de golpe, la catarsis de su cuerpo lo mantuvo inmóvil por minutos, cuando por fin reacciono, levantó su nuevo cuerpo viejo, este que ahora habitaba y sin despegar la mirada aterrada de su cuerpo, el que yacía, sus piernas aun temblorosas lo alejaron del suelo plegostioso y rojo; y caminando en reversa, volvió al espejo revelador que lo esperaba, de nuevo con su rostro nuevo y extraño.
Los cabellos opacos, sin rumbo que enmarcaban la agrietada fasie avejentada de un rostro con los ojos vacios en los que solo habitaba el miedo y la incongruencia, mientras en su mente fluctuaban las olas de la conciencia embravecidas, tratando de orillar la realidad a tierra firme, una realidad que no pertenecía al cuerpo que la reflejaba, parecía como si todo en su cabeza corriera en círculos, en un eterno comenzar. Las ideas comenzaban a hilarse una a una, los recuerdos volvían ya sin música, las historias, el intrincado rompecabezas de materia gris, las razones, las mentiras, la noche, su vida, la muerte, el viaje purpura…. Jamás volverás.……
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Los negocios, las mujeres dudo mucho que alguna haya valido esto. . .


2 comentarios:

polvo de menta dijo...

ay algo en esas capsulitas mencionadas que me dan curiosidad...


hola

polvo de menta dijo...

buen dia mandarina solitaria perdida en una calle de san francisco